10.06.2010

Tragedia-relámpago de una madrugada de insomnio por sobredosis de cafeína

En estos momentos más que nunca, es cuando deseo poseer las cualidades de canto del griego Edipo y la desgarrada belleza del mismísimo príncipe Hamlet. Así las palabras serían flechas, precisas, puntiagudas y certeras, hirientes en definitiva.

Es la compañía de las pequeñas tragedias la que nos hace agonizar en diminutas cantidades, que con el tiempo y la suma de estas, serán gigantes, monstruosos cíclopes incluso. Te aplastarán en un lecho de sudor amargo, nacido del hastío de los pensamientos.

Es entonces cuando expones tu tragedia, de la cual no recuerdas prólogo ni desenlace.

¿No es a caso quién toma la decisión de acabar con una actividad, o de marcharse, quién ha de servirse de explicaciones o simplemente despedirse? 
Pues a pesar de este hecho estar asumido por las masas, resulta gesto elegante, aunque a esta combinación no estemos habituados.
El cuerpo no buscará venganza, ni la cabeza justicia, ni el alma verdad.
Así pues por no demorar la espera, rompo la regla como tu la costumbre:

-Adiós amiga que no lo era, adiós

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