2.17.2012

Podría haber sido nuestra canción


- Cuéntamelo todo - me escribiste, tan serio y natural como siempre.
Creo que nadie es consciente de la importancia de sus palabras. Ni si quiera la gente que solo tiene versos para defenderse sabe del poder de la escritura.

Llevo días, desde que vi tu nombre en mi bandeja de entrada, pensando en aquella frase. Y pensé, en contarte todo lo que sé sobre mí. Y me quedé, en blanco. Y no el blanco que nos remite a la luz, que es paz, no el blanco precisamente de los dientes que se esconden tras esa boca que tantas veces te has planteado hacer prisionera. Era, más bien, un blanco virgen y vacío. Blanco vértigo reflejo de mi conciencia, que era nada, o si era, era una mentira detrás de otra. No te negaré que hubo más de un momento en que casi me las creo.

- Por eso no escribo - me dijo la mañana del martes - porque ya no trato de encontrarme con palabras. Las ideas de todos juegan a la verdad, pero solo la practican unos pocos valientes.
Así que cogí un tren. En los trenes encuentro siempre una buena metáfora de todo lo que pueda preocuparme, como en los paseos. El eterno viaje, el eterno cambio, la eterna vuelta a casa.
Vuelta a casa ya, fue más fácil el reencuentro. Hacía tiempo que no me miraba al espejo y me preguntaba si esa era yo, o una extraña que se había acomodado, y por cierto, con muy poca elegancia.

"Vi veri Veniversum vivus vici". No te asustes, no pretendía profundizar en esta frase, que es para aquellos valientes de los que te hablaba, simplemente compartirla contigo.

Puede parecer paradójico, precisamente, pero:

He necesitado ser gato algunos días para sentirme persona. Aunque, debo reconocer que últimamente me cuesta reconciliarme con mi forma más civilizada. Sé, que pienso, pero si lo hago, la mayor parte del tiempo es en la palabra hedonismo. ¿Tendrían algún sentido las guerras por la paz, o la paz misma, si pudiéramos liberarnos de la conciencia? He necesitado perder el móvil, el reloj, la responsabilidad y el tiempo para encontrarme. Parte del placer que reposa en hacer el amor con las palabras es que son amantes que a menudo traicionan.
Así, al Sol te cuento lo que el sol me ha revelado hace un momento. Desde donde estoy, antes recostada y ahora inclinada, por cierto, sobre una mesa en la que hace años pasaba horas debajo, conquistando el mundo sin vergüenza. Ahora, es el  mundo el que me conquista a mí en cada batalla que surco escondida. Desde donde estoy veo una piscina y casi imagino que es mar abierto, me recuerda el poco tiempo que nos queda. Trae recuerdos para todos. Hace unas noches, y cada una que pasa confirma que soy un animal que pertenece a ellas, conocí a un hombre, en cuanto le vi, aunque aún fuese de día. Admito. Me sorprendí a punto de empuñar un lápiz y hacerle literatura. A punto. De librar una revolución en su  nombre solo por la forma en que me miraba. Como vengo haciendo, en un intento desesperado de formar parte de la poca poesía que le queda a nuestra Tierra arrebatada, amo a varios hombres. Pero, y esto es otro tema, también odio a uno de ellos.

El calor ha decidido desvanecerse de la alicantina. Por eso, dejo este folio abandonado sobre esta mensa. Me voy en busca de otro sol que ande por las aceras.


2.06.2012

Bandeja de entrada




Hace unos días. No sé. La verdad no sé si hace un mes o un año, o si mi mente se lo ha inventado para salvarme de la monotonía. En fin, espera, que empiezo.


Hace unos días pasé la tarde con un amigo, o un compañero, o no sé. Qué más da eso. La humedad cortaba el aire de la noche, pero no el de los bares, ni el de la distancia que había entre nuestras bocas separadas por regueros de palabras. Había luz, sin duda, de neón amarillento. Había un techo bajo y rojizo y une mesa vieja y arrinconada. Pero no, la mesa, digo, no estaba vieja de años, sino de gentes. Supongo que ya lo sabías, yo me dedico a esto mientras tú estudias monedas antiguas, mientras te congelas en países lejanos y te calientas en camas de cercanía. Había luz, pero yo estaba como a oscuras. Estaba, eso seguro, como cuando no ves tu cuerpo ni el del otro y por eso te dejas llevar. Improvisando: con el ritmo que surca el momento y la temperatura que marca la copa de tu mano, que no la sueltas. Te desnudas en el sentido que te da la gana, en todos si hace falta, excepto en el de las agujas del reloj. En eso, supongo, me darás la razón. Desengrana prejuicios, sistemas de conocimiento, hablar en la misma dirección en la que van tus pensamientos. Arriba y abajo, a donde sea. Ahora que pienso en ello, o ahora que ello me piensa y recuerda, te escribo a falta de una noche ciudadana la cual encuentre nuestras ideas bajo farolas que parezcan estrellas, que no sé quién se apagará antes, si nosotros o ellas. Ahora que pienso en ello, me pregunto con qué hablamos el resto del tiempo.

1.06.2012

Tus ojos son de color verde.



Tus ojos son de color verde, a grandes rasgos y de cara a la mayoría.

Tus ojos son del color de la miel bajo el sol de mi mirada. Tus ojos son opacos ante mi curiosidad y mi juego, son a veces un interrogante, y a veces una frase directa. Tus ojos sentencian. Tus ojos sonríen, como tus labios. Están envueltos por la misma tela que mis sueños. Como los pájaros que descansan en las terrazas del estío, como acordes de guitarra española, o como el jazz. Tus ojos son negros cuando te comparo con mis amantes. Tus ojos pasados por agua. Distraídos, inconscientes de los míos. En mis pechos serían como los de una ballena mirando su playa de invierno.  Tus ojos de barro. Tus ojos ciegos. A tus ojos debo unos cuantos segundos y no sé cómo devolverlos. Tus ojos, y su contorno. Tus ojos son tinta azulada sobre el blanco de mis páginas. Tus ojos haciendo el amor. Con ellos quiero librar una guerra. Increíbles tus ojos recién despiertos. Vendados. Tus ojos serán como los dicte mi boca. Tus ojos al tacto. Tus ojos son gato negro maullando mi ventana. Tus ojos callejeros, bajo mi techo. Tus ojos deshechos en mi almohada. Huelen como el romero, y como tu cuello. Tus ojos son el fondo de una laguna de un bosque de arboles de niebla espesa. Son el otoño. Mi sexo rosado. Tus ojos mudos y helados. Tus ojos, a los demás ojos y a sí mismos mentirosos. Tus ojos son el anillo de plata que siempre llevo. Los veo en las estrellas, y en el subsuelo. Tus ojos, y los volcanes isleños. A tus ojos los empapan lengua y alma. Tus ojos consentidos. Tus ojos, y mis ganas. Aún no me han visto tus ojos.  Son como tu nombre de bonitos, como las cabañas blancas del sur. Tus ojos, como la joven durmiente de Ramón Casas. Me hacen agachar la mirada. Mediterráneos. Tus ojos derretidos, disfrazados, furiosos, sedientos. Amigos. Tus ojos niños. Imposibles, innatos, inmaduros, intranquilos e imperecederos: inteligible mapa. Para mí inconfesables tus ojos. Cansados de tanto ver y ser vistos. Tus ojos ancianos, a tientas con la muerte. Tus ojos, escenario de la discordia, me insisten, en que no son para tanto. Tus ojos, leyendo en voz alta mi poesía. Clavados en mi cuerpo. Desnudos yo y tus ojos. Tus ojos durmiendo, tu ojos, mi insomnio y mi desvelo. Tus ojos son su suerte. Destierro, pesadillas, cuentos chinos. Pan duro. Tus ojos perros. Tus ojos coartada del ocaso. Impuntuales. Tus ojos son la manta ausente de mis noches presidentas. Flores secas. Tus ojos sobre un lienzo. Tus ojos, y no tenerlos. Tus ojos de yogur. Tus ojos llegan tarde, cuando llegan. Son como la escarcha o la ciencia ficción, son también hoguera en la noche de San Juan. Tus ojos queman. Si tus ojos hablasen…  Tus ojos son marihuana. Tus ojos cerveza, tequila, ron, tabaco. Cocaína. Tus ojos quebranto. Tus ojos son una fiesta de espíritus susceptibles a la que nadie está invitado. Tus ojos prisioneros de mis huellas palabras. Tus ojos asesinos. Tus ojos son salvajes encinta, estatuas florentinas, pasteles horneados, reyes vikingos. Tus ojos de la tierra media y del futuro lejano. Tus ojos aniquilados. Tus ojos, y mi trance escribano. Me salvan tus ojos chicle. Desfallecidos, inquilinos en mi garganta, vagabundos. Esperanto. El funeral de tus ojos. El extremoduro de tus ojos. Mierda, madera y hojalata. Tus ojos, tus ojos creo que son mi elogio a la locura. Tus ojos practicando la curva de mi espalda. En treinta años, preciosos tus ojos con canas. Tus ojos son vaso de mis malos tragos. Viajan continentes sin moverse del sofá, sin salir de casa. Tus ojos padres. Tus ojos roncos caben en la palma de mi mano, y en el universo entero caben. Tus ojos públicos y privados. Juegan mi tiempo de descuento. Idiotas tus ojos. Primitivos, míticos, suecos. Desconozco, tus ojos y su reverso. Espero, no os deis por aludidos tú y tus ojos, que son, como dos ventanas al infinito, como un paraguas un día de viento, como mil almendros. Tus ojos son un contrato con el deseo, son la firma de este texto. Tus ojos son, al mismo tiempo, error y acierto.